Los sueños muchas veces se transforman en la peor película que podemos mirar, porque vemos en ellos, aunque sea minimamente, una luz de posibilidad, una luz de realidad a la que nos aferramos fuerte, ya que si caemos es muy posible que no logremos levantarnos como un ave fénix, si no que simplemente nos reponemos como una persona normal que sufre y que en cada nuevo paso repetitivo del avanzar, punza un dolor hondo en el corazón, un dolor que no se puede evadir y que te acompaña el resto de tus días.
Recorrer este círculo es eterno. Cada vez que crees encontrar lo que buscas resulta que te equivocas, siempre hay un pero, lo que te hace retroceder y cuestionarte cuándo llegará el momento en que no sólo camines en la ilusión, también en la realidad.
Otra mala elección...